LITERATURA > Cuentos
1º/10/2024
Miguel Angel Pereyra
(o "el Yaro Pereyra")
Un argentino porto alegrense contando cuentos
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Estoy Solo
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La propuesta es retroceder en el tiempo.
E intentar, en la medida de lo posible,
comprender los símbolos de las épocas a las que se accederá.
Siglo XX, hasta los años 70.
Familia tradicional, es decir esposa, marido y tres hijos.
Fueron, por así decirlo, envejeciendo los cinco simultáneamente.
Dentro de la casa, era ella, la esposa, quien ordenaba todo.
Desde la semántica del orden e higiene general,
hasta la de “mandar” a los miembros del grupo familiar, asignándoles tareas
y dominandos aspectos de su vida personal: ropa, peinado, comida, estudios…etc.
Digamos que era madre, esposa, maestra o sea, el “alma mater” de la familia.
El marido, jefe de la casa en teoría, era el auténtico y dedicado proveedor.
Un papel que siempre desempeñó con especial dedicación y eficacia.
Se amaban y siempre fueron compañeros amorosos,
lo que hizo realidad el éxito de sus vidas juntos.
Pero el tiempo es inclemente y pasaron los años.
Los niños crecieron... se casaron... y los convirtieron en abuelos.
Él siguió trabajando y ella continuó con su tarea de “dueña de casa”.
Propietaria en sentido estricto de poseedor de la mismo.
A él la edad le obligó a jubilarse y las horas que antes pasaba en la empresa,
pasaron a a ser consumidas en casa.
Ella estaba molesta por lo que sentía que era una “invasión”,
y un día de enojo sin motivo, le dijo sin pensar mucho:
- Mira, che; me estás molestando en las tareas del hogar.
¡Harías mucho bien en ir a trabajar,
en lugar de mostrarles a todos lo vago que eres!
Y él respondió, sin alterarse:
- Pero cariño, estoy jubilado porque trabajé toda mi vida...
y ya tengo 75 años en mis espaldas.
- Tengo 60 años y continuo... entonces,
¿por qué no sales con los vagos de tus amigos?
- Me gustaría mucho, pero no puedo.
- ¿Y por qué no puedes? ¿Podrías explicármelo?
- Claro que puedo, están todos muertos... y yo... estoy solo...
Ella se quedó paralizada y la ira desapareció al instante.
Ahí lo miró como antes, se acercó a él y le dijo al oído:
- Amor, no estás solo... yo estoy aquí...
El beso que se dieron fue demostración de su vida común de amor y compañerismo.
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Lo que los acompañó hasta el último día de sus existencias.
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