Nat_Humana_Esp - Sem Pausas...Vírgula!

Pausas e Vírgulas, você parou?
Se parei?, virgula.
Fiz uma pausa, tão só...
Mas veja como continuo;
Sem Pausas...Vírgula!
Sem Pausas...
...Vírgula !
Sem Pausas...Vírgula!
Ir para o conteúdo
LITERATURA > Cuentos > DALZIO
2/6/2024
Los Cuentos de Dalzio
* * * * * *
LA NATURALEZA HUMANA

Ciudad moderna... inmensa en términos espaciales.
Sus usuarios son innumerables. Los que viven allí y los que la visitan.
En los episodios aquí relatados se llama Urban, y tiene su Grand Urban.

Todo incluido en el término Área Metropolitana de la ciudad de Urban.
 
Allí vive Don Tranquilino, quien en sus 60 años busca un espacio que esté más de acuerdo...
o mejor dicho...que lo deje más cerca  de su nombre.
Busca lo que cada persona quiere:
Paz
Decide emprender una travesía,  solitaria tal como es su vida,
y se dirige a un pueblo donde, según la historia familiar, comenzó su linaje.
 
Don Tranquilino era consciente de que este relato carecía de rigor científico
ya que los relatos que lo construyeron se basaban en emociones y no en hechos.
 
La piedra angular  del viaje era confirmar si lo contado por sus padres y su abuela ,
se correspondía con la realidad. O eran simplemente nostalgias
de su infancia y juventud, respectivamente, cuando allí ellos vivían.

Don Tranquilino enfrenta al camino y comienza este viaje en el tiempo,
ya que él viaja hacia su pasado.
Su ciudad, Urban con el Gran Urban, tiene 4.500.000 de habitantes.  
El pueblo de sus predecesores, Villa Distante, sólo tiene 1.700.
Cuando llegó, lo que más le sorprendió fue lo que, en su cultura y simbología urbana,
representaba la palabra silencio.

Como le gustaba la música clásica, se acordó de Beethoven,
quien salía a pasear por el campo para escuchar, cuando aún podía,
los sonidos de la naturaleza.
Melodías de pájaros, ramas de árboles moviéndose al ritmo del viento,
mugidos de bueyes como solistas de esta sinfonía y, de vez en cuando,
los gritos y risas de los niños sumando alegría.
La gente caminaba tranquilamente, saludándolo,
todos con una enorme sonrisa fraternal.
Pensó por un instante y , en voz baja, se dijo lo siguiente:

- Estoy en el Paraíso!

Se alojó en lo que llamaban una pensión,
pero más bien parecía una habitación en casa de un familiar,
por la distribución y sencillez de las instalaciones.

Cama con colchón de lana,  blancas sábanas,  seguramente secadas al sol en el tendedero.
Mesta de luz, ropero y aparador de madera, sencillos y muy antiguos y por estos dos motivos, bellísimos.
Y una ventana que daba al horizonte, es decir, al infinito.

De noche o de día.
Cielo oscuro iluminado por estrellas, o cielo azul iluminando a todos.

Habló con varios vecinos y sólo una señora, de unos 110 años, se acordaba de sus bisabuelos y abuelos.
A partir de su relato pudo localizar la dirección de lo que fue la residencia de la familia en aquellos lejanos años.
Como no tenía una imagen previa de ella, no podía compararla con lo que estaba viendo.

Tuvo la intención de hacerlo, pero no pidió permiso para entrar.
Ya habría tiempo para eso ya que si iba a vivir allí,
todo sería un lento proceso de adaptación.

La tranquilidad de vida de las personas que allí vivían era evidente.
Las casas no tenían sistema de seguridad, ni rejas, ni cámaras… nada.
Era otoño, cielo sublimes y gente sentada en las sillas colocadas en la vereda,
al lado de las puertas de sus casas hablando, riendo…
... digamos que compartiendo momentos.
¡Y sin celular !
Era la combinación perfecta entre la definición de familia
y lo que estaba sucediendo frente a sus ojos.
 Relaciones de afecto concretizadas  en el “día a día”.

Estaba sentado en la vereda del almacén,
ubicado frente a la plaza, disfrutando del atardecer,
cuando apareció un policía que, tras saludarlo, se sentó a su lado.
 Este fue el diálogo que tuvieron:
Comisario: Buenas tardes, don Tranquilino.
Don Tranquilino: buenas tardes. ¿Todo bien?
Comisario: Buenas noches, don Tranquilino. Ya sé tu nombre porque aquí lo sé todo rápidamente. Y sí, todo bien.
                        ¿Está disfrutando de nuestra Villa Distante?
Don Tranquilino: ¡muchísimo! Que tranquilidad y seguridad se respira.
Comisario: Es verdad. Ya ni recuerdo hace cuanto que no tenemos robos o cosas parecidas en el pueblo.
Don Tranquilino: ¿cuántos policías trabajan aquí?
Comisario: Yo soy el jefe y somos tres.
Don Tranquilino: no se ofenda, pero con la paz que reina aquí no deben tener mucho trabajo.
Comisario: no lo tome a mal, pero está analizando el tema desde el punto de vista de la represión del crimen.
                          Es natural que así lo haga ya que vives en Urban, y así es allá.
Don Tranquilino: Lo siento, pero no le entendí.
Comisario: nuestra naturaleza humana es la misma donde quiera que vivamos los humanos,
                          y si no estuviéramos aquí los tres, le aseguro que la tranquilidad no sería la que está sintiendo.
                         La prevención y la educación es nuestro trabajo todos los días, durante todo el día.
Don Tranquilino: callado y sorprendido permanece en silencio.
Comisario: y hablando de la naturaleza humana, lo que no podemos hacer es predecir acciones cuyo origen
                          son las emociones.
                          Entonces en estos casos sólo nos queda reprimir, arrestar y lo que legalmente viene después.
                          La semana pasada, por ejemplo, un marido celoso prendió fuego a la casa y...

Don Tranquilino dejó de escucharlo, le agradeció la charla y a la mañana siguiente partió hacia Urban.
 
Continuaría su búsqueda de la Paz, pero dentro de sí mismo.
Tarea difícil, pero no hay otro lugar donde ella reside.
Tema musical
Pequeña Serenata
Compositor: > Joseph Haydn <
Intérprete:  Miguel Angel Pereyra

* * * * * *
Próximo Cuento >
Sem Pausas...Vírgulas!

Voltar para o conteúdo