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12/10/2024
Los Cuentos de Dalzio
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LA NATURALEZA HUMANA
Don Tranquilino en la búsqueda de PAZ
Relato de su 2ª e última tentativa
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Dom Tranquilino era una de esas personas decididas.
En él, este adjetivo es, sin duda, un sinónimo de terquedad.
Habían transcurrido cerca de dos años desde su “expedición” a Vila Distante,
cuyo objetivo era encontrar la paz en las calles de sus raíces familiares.
En aquella ocasión, tras contar la experiencia como un fracaso “caliente”,
por el incendio allí provocado por un marido celoso,
intentó tras su regreso a Urban, continuar la búsqueda dentro de si.
Durante setecientos treinta días, o para hacer el cálculo más aproximado a su paciencia y a su decepción,
digamos diecisiete mil quinientas veinte horas buscó, sin éxito, la tan ansiada paz.
Ni afuera y mucho menos dentro de él
Volviendo al sinónimo del adjetivo inicial, Don Tranquilino era muy terco.
Esta característica puede ser una virtud…o todo lo contrario.
Esto depende de por qué se practica la terquedad, y en este caso la búsqueda de paz es un objetivo noble.
Y como todo ser humano lo hace, él se hablo a si mismo:
- Mirá Tranquilino... la búsqueda aún no ha terminado.
Ya fuiste una vez a Vila Distante... sabes que no queda lejos...
y es hermosa. Vale la pena volver...
Y allá fue...
La misma pensión...el mismo trato, afectuoso y respetuoso.
Pero estaban tristes, se notaba.
La plaza y su almacén volvieron a recibirlo . Sentado en una de sus sillas,
frente a un café caliente, se dedicó a observar las personas.
Era notable en sus rostros una tristeza colectiva.
Como no sólo era terco sino también curioso, cuando el Comisario llegó
al almacén como era habitual en los atardeceres,
después de los saludos, le preguntó sobre esa, su impresión.
El Comisario le contó un hecho sucedido Vila Distante la semana anterior.
Una beba de 7 meses lloraba sin descanso en una madrugada.
Su padre, un hombre de 27 años, la golpeó y, además de fisurarle una costilla, le fracturó el cráneo.
Por supuesto que la beba dejó de llorar.
Como no despertó por la mañana, su madre la llevó al centro de salud.
Allí y ante las preguntas que le fueron hechas,
no relató lo sucedido, mintiendo sobre el motivo de las heridas de la beba.
Es decir, se convirtió en cómplice deldelito.
La beba fue internada en Terapia Intensiva del Hospital Infantil en Urban y los progenitores,
el Comisario ya no dijo padres, están en la cárcel.
Don Tranquilino, estupefacto, no hizo ningún comentario verbal.
El Comisario notó su tristeza al notar
sus lágrimas resbalándole por las mejillas.
Lo que el Comisario no sabía es que eran dos los motivos que las provocaron:
lo que había pasado con la beba y la conciencia de su pertenencia a una especie capaz de tales actos.
Potencialmente todo ser humano tiene las condiciones para cometerlos. Pero también para no cometerlos.
Se trata de una actitud individual de sí, cuidar o no cuidar el alma confiada a cada uno.
Sin rebelarse pero decepcionado, se dió cuenta de que la paz, como estado permanente, no existe.
Ni dentro de él y mucho menos afuera.
Pensó que lo mejor era intentar tener la mayor cantidad de momentos pacificos posibles.
Le dio un abrazo al Comisario, fue a la pensión a pagar, se despidió y…
aún con los ojos llenos de lágrimas regresó a su Urban.
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Sí, con pronombre posesivo, porque había percibido que era su lugar en el mundo.